... horas y horas nos costó superar el imponente e infernal huracán. Pero no solo horas, perdimos a 3 tripulantes... lluvia... agua salada... truenos... rayos... relámpagos... Parecía mentira que hace unas horas estuvieramos en el infierno... ¿acaso todos estabamos muertos y habíamos llegado al cielo? El ojo del huracán era una balsa de tranquilidad. Un sol poderoso iluminaba el lugar... sin embargo alrededor del tranquilo lugar de varias millas de largo, unas oscuras nubes cerraban el círculo de paz.
El capitán pronto empezó a dar instrucciones... apenas pudimos descansar después del inhumano esfuerzo anterior. Gritando, mientras nos insultaba... pusimos dirección hacia el centro mismo del titán. El único vigía que nos quedaba comenzo a señalar hacia un lugar mientras gritaba. El catalejo del capitán la descubrió. En un pequeño islote, de unos pocos metros de largo, estaba el sable dorado de las leyendas. Comenzó a gritar animado... y por un momento olvidamos el esfuerzo de las horas pasadas, el barco prorrumpió en gritos, aplausos y silbidos de alegría. Sin embargo pronto volvió a reinar el silencio... apenas nos separaban unas pocas millas de la espada cuando el barco comenzó a chocar con trozos de antiguos navíos...
Fue de nuevo al capitán quién acabó con el silencio. Con más de sus insultantes gritos nos dirigió a nuestros puestos... había que estar preparado. El barco rodeó en varias ocasiones el montículo que ahora se había convertido en algo aún más grande. El sable estaba clabado un tercio de su hoja en aquel suelo oscuro... a manchas... todos supimos al instánte qué era aquel suelo mancheado. El caparazón de una enorme tortuga dragón.
Quizás estaba aguardando a que comprendieramos aquello... nunca lo sabremos... pero segundos después, el mar explotó en 8 gigantes tentáculos que comenzaron a golpear frenéticamente tanto la superficie marina como el barco. Apenas oíamos los rugidos del capitán... uno de los tentáculos de la bestia agarró el mástil y lo partió como si fuera una pequeña ramita... otros de los tentáculos agarraban a los marineros y tanto el brazo de la bestia como el marinero desaparecían en las oscuras aguas. Los cañones hacían retroceder los tentáculos de la bestia que rugía con furia y volvía a atacar aún más frenéticamente.
La cubierta era un caos... piratas morían, desaparecían, se estorbaban... en apenas un instante que pareció una eternidad... la enorme bestia agarró el barco con varios de sus enormes brazos y lo partió en dos.... fue ahí cuando perdí de vista al capitán... y a todos los demás. Bestia y el navío partido en dos se hundieron hacia las profundidades del abismo...
... la tranquilidad del lugar se vió alterada entre la lucha perdida de la bestia, dueña del mar, y el hombre, pero todo volvía a su sitio, más pronto que tarde el mar volvió a quedarse en la más absoluta calma.
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