... El sonido de la calle martilleaba en mi cabeza... lentamente me vi forzado a abrir los ojos. Estaba recostado en una cama deshecha. A mi alrededor... ropa y restos tanto de comida como de bebida inundaban la habitación.
Menuda juerga debí de montarme...
Pensé, me dolía pensar, desde aquel momento dejé de hacerlo. Intenté incorporarme y tras varios intentos doloridos acabé consiguiendolo. La habitación era pequeña, no recordaba nada de la noche anterior, ni sabía en qué lugar me encontraba.
¿Pasaron segundos? ¿minutos tal vez? ¿horas? Nunca lo supe... pero cuando mis piernas consiguieron responderme me levanté presuroso en busca del baño. Apoyado en la pared, avanzaba a trompicones, finalmente llegué al baño. Como pude llegué al retrete y acabé vomitando. No tenía fuerzas, me encontraba demasiado mal. Entre el vómito, me pareció ver sangre... de nuevo y con muchísimo esfuerzo intenté levantarme del suelo. Me aproximé al lavabo, me dolía la cabeza... con agua me resfresqué el rostro y limpié mi sucia boca. Miré al espejo y se me heló la sangre...
Mi palidez era monstruosamente inhumana... y ello, ayudaba a que unas oscuras y preocupantes ojeras destacaran en mi rostro. Algo llamó mi atención... el pecho estaba manchado de algo rojizo. Lentamente lo toqué con mis dedos... estaba seco... seguí el rastro y mis dedos acabaron tocando dos heridas en mi cuello.
Todo cobró sentido de golpe... la misteriosa y atractiva mujer... la más hermosa de todas las que había visto en mi vida... la discoteca... las copas, una tras otra... el hotel... el sexo más salvaje y placentero de toda mi vida...
Mis piernas vacilaron, mi cabeza daba vueltas... caí, caí y caí... sentí frío, dolor y contacto con el suelo, ¿o eran las paredes?, dudo mucho que fuera el techo...
la consciencia se evaporó.
Glup glup, joé chiqui, que mal rollo.
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