jueves, 8 de noviembre de 2012

Hace 165 años nació un mito...

La noche era cerrada y oscura, muy oscura, sobrenaturalmente oscura. Las negras nubes llevaban tiempo acumulandose sobre Clontarf, una ciudad Irlandesa cualquiera. Pronto los rayos y relámpagos comenzaron a iluminar de un tenebroso color azulado los tejados de la ciudad. La húmeda lluvia no tardó en aparecer para aportar frío y humedad al lugar. 

En una pequeña casa los gritos inundaban un pequeño cuarto... una mujer empapada en sudor gemía, gritaba y empujaba... el médico estaba con ella y el marido agarraba su mano. A pesar de las instrucciones del médico y de las palabras de consuelo del hombre, ella no dejaba de gritar, de sudar y de... sangrar. De nuevo, un rayo iluminó la estancia, dandole una tenebrosa iluminación... todo estaba manchado de sangre. Los mulsos de la mujer... las sábanas de la desordenada y caótica cáma... las manos y la ropa del médico... 

La mujer seguía sangrando, guimiendo y gritando... y de pronto solo suspiraba y jadeaba, intentando recobrar el aliento... el silencio únicamente lo rompian sus jadeos... los dos hombres estaban guardando la respiración... entre sombras, pudieron ver que el médico portaba algo entre los brazos... lo tenía envuelto en manchadas toallas... pero no se movía... 

De nuevo la mortecina y azulada luz mostró la escena... el médico portaba un ensangrentado bulto entre manos... la mujer y el médico cruzaron las miradas, ella se llevó una de sus manos al rostro y se preparó para empezar a llorar... sin embargo un grito de un recién nacido sobresaltó a todos... un llanto acompañado de nuevo por otra luz azulada y un fuerte portazo de una de las ventanas que se había abierto de par en par. 

Bram Stoker había nacido...

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