Una pequeña luz se movía de aquí
para allá, no era muy brillante, pero lo suficiente para destacar entre la
oscuridad que reinaba en la habitación. La propia luz dejaba un pequeño rastro
luminoso que se disolvía pasados unos instantes… Se paró en el centro de la estancia
y pareció estudiarla. Era un cuarto enorme, había estanterías llenas de libros,
un bonito escritorio con diversidad de utensilios caligráficos, enormes
armarios… pero de todo lo que allí había la luz se centró en una enorme cama en
la que una figura descansaba plácidamente. Era una elfa… envuelta en sábanas
finas de seda… la luz se aproximó a su rostro… para después apagarse levemente
y perfilarse una figura femenina muy diminuta con unas alas que dejó de mover.
Sonreía y hablaba en una desconocida lengua, en apenas un susurro inaudible. Se aproximó a ella y le dio un
beso en la frente, ambas brillaron y la pequeña hada, satisfecha, se alejó
lentamente, volviendo a volar y a iluminarse…
… ¿dónde estoy? ¿Qué hago aquí? –
una joven elfa miraba en todas direcciones, todo estaba oscuro – otra pesadilla
– pensó. Lentamente su vista se adaptó a la escasa luz de las antorchas y
pebeteros en la pared. Caminó rodeada de la escasa luz, tropezando o intentando
no hacerlo. He pasado de soñar con unicornios, con amores perdidos a tener
horribles y tenebrosas pesadillas… Soy una elfa, sin luz… no podemos vivir…
Pensó.
Continuó caminando, por primera
vez se contempló a sí misma, iba descalza… hacía frío, mucho frío… únicamente
iba ataviada con un sencillo camisón casi transparente que apenas la protegía.
Se sintió fría, sola, perdida… desnuda… Fue cuando vio una puerta metálica… ¡¡¡Una
prisión!!! Estoy en una prisión, pensó. Ahora se sentía aún más sola, más
indefensa… pero, no había guardias… no se había cruzado con ninguno… miró hacia
el techo pero no vio nada. Oscuridad y más oscuridad. Despierta, despierta… no
dejaba de decirse.
Algo llamó su atención en la
lejanía. Era una pequeña luz… se movía… ¿una antorcha? No, no podía ser eso, ni
tampoco una vela… era… se movía arriba, abajo, de izquierda a derecha… Cuando
le prestaba atención se quedaba quieta… cuando no, no dejaba de moverse como…
¿llamando su atención? Se arriesgó a seguirla… pasillos y más pasillos, túneles
larguísimos y pocas escaleras… ¿estaría bajo tierra? ¿Dónde estaría aquella
horrible prisión? A pesar de la oscuridad, a pesar del lugar, no sentía
excesivo miedo, es más… casi le parecía todo muy macabramente conocido.
Minutos, horas… nunca supo cuanto
caminó, pero estaba agotada… la luz desapareció delante de ella, siguió
caminando hasta toparse con una pesada puerta metálica. Se asomó por la pequeña
ventana enrejada de la puerta y no vio nada. Se concentró y sí, había algo, un
contorno, una figura respiraba pesadamente en el interior… ¿Quién sería? Empujó
la puerta, no se abriría, no tenía llaves… pero para su sorpresa se abrió y no
era tan pesada como esperaba.
Respiró profundamente y entró… su
rostro cambió… sorpresa, miedo, tristeza… se abalanzó sobre una figura humana
que había encadenada a la pared. El pelo castaño y muy enmarañado, una barba de
muchos días de cautiverio escondía el rostro del decrépito hombre. Pero con
barba o sin ella, sabía quién era. Buscó con la mirada por toda la estancia
hasta dar con un pequeño cuenco de madera con algo de agua en su interior… se
lo aproximó a los labios…
-
Bebe – fue lo único que dijo, la figura obedeció
sumisamente. Después de varios intentos por beber acompañados por varias toses…
la decrépita figura alzó el rostro, las miradas se cruzaron y el hombre sonrió.
-
¿Qué haces aquí? ¿Dónde estás? ¿Por qué… ?- las
preguntas se agolpaban pero él la cortó – Tranquila… - tenía una voz fuerte, a
pesar de su estado – tenemos poco tiempo y es un regalo que me han concedido .
Aturdida, no lo comprendía… se
dejó las palabras, lo besó… sus labios estaban secos, eran ásperos, pero no le
importaba… era real… podía tocarlo, podía besarlo… ¿Por qué lo vi en el estanque y porqué lo veo
ahora aquí? ¿Qué ocurre? ¿Por qué me atormentáis así?, oh dioses. Intentó apartarse de ella y
volvió a hablar…
-
Tranquila… jamás me arrepentiré de lo que hice…
jamás me arrepentiré por ti… te deseo y mi deseo no morirá conmigo… yo…
…. Como un resorte se levantó de
la cama… miró a su alrededor, estaba en su cuarto… ¿Una pesadilla? ¿Por qué son
tan reales los sueños que estoy teniendo? No lo entendía… ¿qué estaba pasándole?
Respiró lentamente, intentando
tranquilizarse… Pensaba que lo había olvidado… su cerebro lo había olvidado, su
padre la había obligado a olvidarlo… pero su corazón no… se sorprendió tocando
su pecho… le latía fuerte… cerró los ojos, pero siguió sentada en la cama… Poco
a poco su concentración la calmó… la respiración se normalizó, las pulsaciones
disminuyeron… cuando abrió los ojos dijo algo inesperado.
-
Ya se dónde te tienen mi amor…
Una pequeña luz se movía
furtivamente por la habitación, no quería que fuese descubierta… debía volver e
informar al señor del bosque…
No puedes hacernos relatos como estos a jóvenes que sufren de romanticitis in extremis una se queda con ganas de tener más y ver que hará ahora la elfita
ResponderEliminarbe continued... el mejor recurso literario es... CONTINUARÁ jajaja
ResponderEliminarMe has dejado impresionada, tienes una imaginación desbordante y un vocabulario muy extenso, deberias intentar sacarle partido a esta faceta tuya, es una pena que esto se quede solo colgado aqui.
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