Una figura envuelta en sombras se
movía entre las pasarelas de una ciudad arbórea. Sus ropas oscuras y prietas la
ayudaban a pasar desapercibida y a pesar de que no iba descalza, apenas hacía
ruido. Esquivó a los pocos elfos centinelas que vigilaban, como si supiera
dónde estaba cada uno y sin apenas esfuerzo.
No tardó en pisar la tierra del
suelo, allí habían unos pocos edificios demasiado pesados y peligrosos para las
alturas… Entre ellos destacaba una gran fragua, se apoyó un instante en la
sucia pared para descansar… para proseguir en dirección norte. No tardó en
llegar a su destino… una pequeña cueva surgía del interior de la tierra, en la
puerta enrejada dos figuras vigilaban. Se aproximó todo lo que pudo y susurró
unas palabras inconexas para alguien no versado en la magia… las figuras
cayeron al suelo. Cuando pasó por encima de ellas, no pudo evitar sentir
lástima y susurrar…
Lo lamento…
Dentro estaba oscuro… muy oscuro.
Apenas unos pocos pebeteros y viejas antorchas iluminaban los pasillos, dando dibujando
tenebrosas sombras aquí y allí. Fue rápida, no paró apenas en los cruces… el
lugar era lúgubre, pasillos de fría piedra interminables, puertas con pequeñas
ventanitas enrejadas… Sin lugar a dudas era una prisión implacable, sin embargo
no se oía ningún gemido ni lamento.
No tuvo problemas con los pocos
carceleros que guardaban el lugar, los esquivó a todos… y con un sigilo
sobrehumano y una rapidez inusual llegó a su destino. Una puerta pesada y
grande se dibujó ante la figura. Respiró hondo, como si estuviera recordando,
como si supiera cuál era su siguiente paso. Empujó y la pesada puerta cedió, abriéndose
lentamente y sin hacer apenas ruido alguno.
Entró… las piernas le fallaron y
tuvo que apoyarse en la húmeda pared. Estaba allí, su sueño… sus ojos se
humedecieron y las lágrimas brotaron de ellos. Una figura demacrada estaba
atada de pies y manos a la pared… el pelo graso, desordenado, le tapaba la cara
y una barba le escondía aún más el rostro. Sangre seca, heridas frescas,
latigazos… el cuerpo estaba hecho girones y un sucio trapo escondía sus partes
más pudendas. El preso levantó la mirada y sus ojos se cruzaron… Ella se lanzó
sobre él… le apartó el cabello para mirarlo a los ojos, lo besó, lloró aún más,
lo abrazó…
Tan pronto se había derrumbado
cambió su semblante endureciendose… de un bolsillo sacó unas ganzúas y comenzó
a liberarlo… tuvo que ayudarle a levantarse y pasó un instante hasta que se
acostumbró. Lentamente comenzaron a caminar, aunque tuvo que apoyarse e iban
lentos, muy lentos. Pronto llegaron sonidos de los guardias… gritos… se habían
dado cuenta… No, los pillarían a ambos allí… Comenzó a zigzaguear por la
prisión, eludiendo a los carceleros y alejándose de los gritos. Pero era
difícil, gritaban aquí, luego allí, izquierda, derecha…
Una luz lejana los sacó de sus
funestos pensamientos, se aproximaban con antorchas…
-
Allí – dijo en apenas un susurro y con una voz
muy ronca el preso.
A sus espaldas vieron otra luz,
esta era muy diferente… se movía en cirulos… luego arriba y abajo… La luz, el
sueño… la siguieron todo lo rápido que podían, las luces de antorchas seguían
tras ellos. La pequeña luz se introdujo por una puertecilla con la
característica ventana enrejada. Ellos hicieron lo mismo y la entornaron… la
luz había desaparecido… la que no desapareció fue la luz de las antorchas que
cada vez se hacía más y más visible. Sin embargo pasó rápidamente y acabó apagándose.
Acto seguido la pequeña luz móvil se volvió a iluminar… ¡¡¡Un “hada”!!! Casi
hablaron al unísono. La pequeña hada parecía divertida, sonreía y se movía de
aquí para allí… hasta que se paró en una piedra al fondo de la celda. La figura
envuelta en cuero se quitó la máscara y la capucha… Una atractiva elfa atrajo
la mirada del cautivo… y por vez primera supo lo que pasaba… pero apenas pudo
articular palabra… la elfa se aproximó donde estaba el pequeño hada y comenzó a
toquetear la pared… Con las instrucciones de la criatura y pasados unos
instantes, la pared comenzó a moverse revelando un pasadizo aún más oscuro que
la prisión y escavado en la misma roca…
De nuevo el hada los iluminó, los
guio y no tardaron en estar en el bosque… al aire libre, el preso llenó sus
pulmones de aire fresco, fortaleciéndose… la elfa suspiró, lo habían
conseguido, habían salido.
Por vez primera ambos se miraron,
sin prisas… No hicieron falta palabras, no hizo falta absolutamente nada… se
fundieron en un abrazo puro y sincero, un abrazo añorado, deseado y arrebatado.
Sin embargo algo volvió a llamar su atención… más gritos… cascos al galope… No,
no, no… en su mente no dejaba de repetirlo… Todo acabaría tan pronto, no podían…
ambos se levantaron y comenzaron a correr en dirección opuesta a los ruidos… no
acabarían lejos, los encontrarían, los alcanzarían… Sin embargo poco a poco fue
formándose una figura frente a ellos… mientras se acercaban contemplaron un
caballo… ¡¡¡No!!! Era un unicornio, el señor del bosque… dejaron de correr… el
animal, sin perder ni un instante, se aproximó a ellos… El sueño… volvió a
pensar la elfa en él… es él…
-
Es un amigo – la voz del hombre la sacó de su
ensimismamiento – Subamos a su grupa, nos llevará lejos y podremos estar juntos…
para siempre…
Las dudas acudieron a ella… Pero
pronto volvieron a distraerla, figuras de caballos se dibujaban en la lejanía…
ya estaban allí… Buscó al hombre pero ya no estaba a su lado, montaba el
poderoso unicornio… Lo miró a sus ojos y supo qué debía hacer… le tendió una
mano y él la ayudó a subir…
… Un anciano elfo golpeó
fuertemente un escritorio, figuras,
mapas, libros… todo tembló… Vociferando ordenó al guardia que le había traído
tan funestas noticias que se retirase, este salió aún más rápido de lo que
había entrado… A pesar de haber cerrado las puertas se oían los gritos y el
fuerte ruido que su rabia producía.

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