viernes, 7 de septiembre de 2012

Huída



Una figura vestida con ropas de cuero corría entre los tejados de una pequeña urbe, otras cuatro figuras, más toscas y con armaduras ruidosas y pesadas lo seguían. Una de ellas no consiguió salvar la distancia entre dos edificios y cayó con un fuerte grito. La primera figura sacaba distancia a los perseguidores pero algo la detuvo… No habían más edificios a su altura… la distancia era insalvable y la caída, enorme. Unos segundos de duda son mortales pues los tres seguidores restantes ya habían llegado a su altura, jadeando, respirando entrecortadamente desenvainaron sus armas… la figura se dio la vuelta. 

-          Nos has hecho dar una buena carrera – Dijo uno aún sin aliento – esto se acaba aquí, danos las joyas de la Condesa y entrégate o danos el gusto de arrancártelas de tu cadáver.
La figura no dijo nada… dio un paso hacia atrás, luego otro y otro… los tres soldados avanzaban cuando el fugitivo retrocedía, hasta que llegó al borde del edificio. Miró hacia abajo y luego a los tres hombres armados. 

-          Hay una gran caída… si vas a saltar, danos las joyas – dijo el mismo que había hablado antes con una tenebrosa sonrisa– no desearía que se mancharan de sangre.
La figura alzó las manos formando una cruz con su tronco y sonrió mientras cerraba los ojos… se dejó caer. 

… Jugaba a las cartas, Yuudai era su nombre. Un pícaro demasiado inteligente para los pobres y humildes ciudadanos. A pesar de ello, los ciudadanos seguían acudiendo en masa, a gastarse… a perder, el poco dinero que conseguían. Perdía inteligentemente alguna partida, la suficiente como para que bajasen la guardia. Así, pueblo tras pueblo, tras pueblo… hasta que los guardias o la misma chusma enloquecida y sin dinero lo echaban de allí a pedradas. Sonrió, tenía una buena mano, podía recordar… recordaba la noche anterior, la hija del molinero, sus besos, sus caricias… lo hicieron en el mismo molino propiedad de su propio padre. Eh, por qué sonríes, quieres jugar de una vez… alguien llamó su atención, dejó de sonreír y observó las jugadas en la mesa… Caballeros – dijo y mientras enseñaba su jugada continuó– Vuelvo a ganar… 

… uff… no le gustaba escalar… no sería la primera vez que si fallaba se caía y se rompía algún hueso, dejándolo fuera de juego durante semanas, meses… pero era el modo más rápido y limpio de entrar. Mirándolo por el lado bueno, escalando no te cruzabas a ningún guardia y eran pocos los que te seguían. Con esfuerzo llegó a su destino, como esperaba la ventana estaba entre abierta, le costó poco terminar de abrirla y colarse en su interior. El lugar daba pavor… una de las paredes estaba llena de cabezas de multitud de criaturas, criaturas que jamás había visto. Gracias a las cabezas y a la penumbra de la noche sombras grotescas se dibujaban aquí y allá. Céntrate… se dijo. No tardó en encontrar lo que buscaba, una pequeña estatuilla de la más finísima plata, la introdujo suavemente, como si fuera su propio hijo, a una pequeña mochila que llevaba en la espalda. No se entretuvo y se dirigió hacia la ventana por la que había entrado. Aún con pie fuera y otro dentro sintió un golpe en el costado… se miró y vió una flecha clavada, mientras caía hacia fuera consiguió ver una figura corriendo hacia él… debía agarrarse, debía… 

… Miraba el techo… a su lado, una hermosa y madura mujer dormía, agotada. ¿Cómo iba a estar sino? Sonrió. Se incorporó suavemente para no despertarla, iba completamente desnudo, pero no le importaba… la miró… Eres bella, pero esto siempre tiene un precio se dijo para sí mismo. Fue al ostentoso tocador y se vio reflejado en el espejo… a pesar de que era tarde contempló una fea cicatriz en un costado, se la acarició y su rostro cambió, como si aún le doliese tocarla. Salió de sus dolorosos recuerdos y agarró unas joyas con rubíes y otras piedras preciosas con nombres impronunciables. En la mano, comenzó a juguetear con las joyas… el pasado acudió a su mente… Esto son muchas partidas ganadas, sonrió… rápidamente se puso la ropa que estaba tirada de cualquier manera por la habitación… Dudó, pero finalmente le dio un beso en la mejilla para despedirse y en apenas un susurro dijo – Adiós mi condesa y gracias por esto- señaló las joyas…. – y por esto – y la señaló a ella. Salió del lugar por la puerta principal… era tarde, ni siquiera los sirvientes estaban en pie y los pocos guardias casi todos, endormiscados. Ya en la calle, comenzó a correr cuando escuchó… ¡¡Mis joyas, mis joyas, me han robado, me ha robado!!

Su espalda golpeó con algo, tal vez tablones… rebotó en un tenderete mal recogido y acabó rodando hasta caer en algo blando que explotó. ¿Heno tal vez? Mareado, aún sin saber dónde estaba el suelo y el cielo intentó incorporarse… Miró hacia arriba, tres rostros lo miraban y lo señalaban, le gritaban algo, no conseguía distinguir lo que era. Enseguida desaparecieron. Tambaleante comenzó a caminar, debía apoyarse contra las paredes… ¿o tal vez se había caído y era el suelo? No sabía lo que había pasado, había calculado mal, ¿sería eso posible? Todos cometemos errores pero… Debía espabilarse… pronto lo encontrarían y en ese estado sería presa fácil. Toqueteó en su cinto, pero no encontró las armas… las hubiese perdido o no, seguía siendo una presa fácil y no podría enfrentarse a ellos… 

… Volvió a escuchar gritos, cada vez más cerca, se atrevió a mirar y vio tres figuras corriendo hacia él... no... cuatro... ¿se había recuperado el que había caído? No importaba, era él quién debía recuperarse… comenzó a correr torpemente entre callejuelas. Juego… Robo… peligro… Siempre había sido un ladrón, era lo que mejor se le daba, sin embargo siempre acababa en situaciones así… ¿merecía la pena? O bien por la situación o por cualquier otro motivo, por vez primera dijo un NO bien grande. Heridas casi mortales, jugar con la ley, ser perseguido, no saber si pasarás la vida entera en un calabozo… cortarte las manos por ladrón… la cabeza por conquistar y partir el corazón de las mujeres importantes… No podía dejar la vida atrás, no podía dejar sus habilidades ocultas… era lo que era y eso nadie podía cambiarlo, ni él. Pero sí podía intentar ser más sutil… intentar comenzar de nuevo… lejos de allí… ser más cauto… ser más… Quizás podría venderse como mercenario… o aparentar ser un tipo duro… pero para eso necesitaba dinero y el dinero estaba oculto, pero antes…

Corría, ahora con ganas, con fuerzas renovadas… pasaron de oírse próximas las voces a estar cada vez más lejanas… debía despistarlos, los despistaría, cogería todo el dinero acumulado, toda su fortuna y volaría de allí… ¿Kanon? ¿Arlan? Había multitud de lugares a los que podía ir… Pero primero lo primero.

Correr, correr y correr.

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