Una figura vestida con ropas de
cuero corría entre los tejados de una pequeña urbe, otras cuatro figuras, más
toscas y con armaduras ruidosas y pesadas lo seguían. Una de ellas no consiguió
salvar la distancia entre dos edificios y cayó con un fuerte grito. La primera
figura sacaba distancia a los perseguidores pero algo la detuvo… No habían más
edificios a su altura… la distancia era insalvable y la caída, enorme. Unos
segundos de duda son mortales pues los tres seguidores restantes ya habían
llegado a su altura, jadeando, respirando entrecortadamente desenvainaron sus
armas… la figura se dio la vuelta.
-
Nos has hecho dar una buena carrera – Dijo uno
aún sin aliento – esto se acaba aquí, danos las joyas de la Condesa y entrégate
o danos el gusto de arrancártelas de tu cadáver.
La figura no dijo nada… dio un
paso hacia atrás, luego otro y otro… los tres soldados avanzaban cuando el
fugitivo retrocedía, hasta que llegó al borde del edificio. Miró hacia abajo y
luego a los tres hombres armados.
-
Hay una gran caída… si vas a saltar, danos las
joyas – dijo el mismo que había hablado antes con una tenebrosa sonrisa– no
desearía que se mancharan de sangre.
La figura alzó las manos formando
una cruz con su tronco y sonrió mientras cerraba los ojos… se dejó caer.
… Jugaba a las cartas, Yuudai era su nombre. Un pícaro demasiado
inteligente para los pobres y humildes ciudadanos. A pesar de ello, los
ciudadanos seguían acudiendo en masa, a gastarse… a perder, el poco dinero que
conseguían. Perdía inteligentemente alguna partida, la suficiente como para que
bajasen la guardia. Así, pueblo tras pueblo, tras pueblo… hasta que los
guardias o la misma chusma enloquecida y sin dinero lo echaban de allí a
pedradas. Sonrió, tenía una buena mano, podía recordar… recordaba la noche
anterior, la hija del molinero, sus besos, sus caricias… lo hicieron en el
mismo molino propiedad de su propio padre. Eh, por qué sonríes, quieres jugar
de una vez… alguien llamó su atención, dejó de sonreír y observó las jugadas en
la mesa… Caballeros – dijo y mientras enseñaba su jugada continuó– Vuelvo a
ganar…
… uff… no le gustaba escalar… no sería la primera vez que si fallaba se
caía y se rompía algún hueso, dejándolo fuera de juego durante semanas, meses…
pero era el modo más rápido y limpio de entrar. Mirándolo por el lado bueno,
escalando no te cruzabas a ningún guardia y eran pocos los que te seguían. Con
esfuerzo llegó a su destino, como esperaba la ventana estaba entre abierta, le
costó poco terminar de abrirla y colarse en su interior. El lugar daba pavor…
una de las paredes estaba llena de cabezas de multitud de criaturas, criaturas
que jamás había visto. Gracias a las cabezas y a la penumbra de la noche
sombras grotescas se dibujaban aquí y allá. Céntrate… se dijo. No tardó en
encontrar lo que buscaba, una pequeña estatuilla de la más finísima plata, la
introdujo suavemente, como si fuera su propio hijo, a una pequeña mochila que
llevaba en la espalda. No se entretuvo y se dirigió hacia la ventana por la que
había entrado. Aún con pie fuera y otro dentro sintió un golpe en el costado…
se miró y vió una flecha clavada, mientras caía hacia fuera consiguió ver una
figura corriendo hacia él… debía agarrarse, debía…
… Miraba el techo… a su lado, una hermosa y madura mujer dormía,
agotada. ¿Cómo iba a estar sino? Sonrió. Se incorporó suavemente para no
despertarla, iba completamente desnudo, pero no le importaba… la miró… Eres
bella, pero esto siempre tiene un precio se dijo para sí mismo. Fue al
ostentoso tocador y se vio reflejado en el espejo… a pesar de que era tarde
contempló una fea cicatriz en un costado, se la acarició y su rostro cambió,
como si aún le doliese tocarla. Salió de sus dolorosos recuerdos y agarró unas
joyas con rubíes y otras piedras preciosas con nombres impronunciables. En la mano,
comenzó a juguetear con las joyas… el pasado acudió a su mente… Esto son muchas
partidas ganadas, sonrió… rápidamente se puso la ropa que estaba tirada de
cualquier manera por la habitación… Dudó, pero finalmente le dio un beso en la
mejilla para despedirse y en apenas un susurro dijo – Adiós mi condesa y
gracias por esto- señaló las joyas…. – y por esto – y la señaló a ella. Salió
del lugar por la puerta principal… era tarde, ni siquiera los sirvientes
estaban en pie y los pocos guardias casi todos, endormiscados. Ya en la calle,
comenzó a correr cuando escuchó… ¡¡Mis joyas, mis joyas, me han robado, me ha
robado!!
Su espalda golpeó con algo, tal
vez tablones… rebotó en un tenderete mal recogido y acabó rodando hasta caer en
algo blando que explotó. ¿Heno tal vez? Mareado, aún sin saber dónde estaba el
suelo y el cielo intentó incorporarse… Miró hacia arriba, tres rostros lo
miraban y lo señalaban, le gritaban algo, no conseguía distinguir lo que era.
Enseguida desaparecieron. Tambaleante comenzó a caminar, debía apoyarse contra
las paredes… ¿o tal vez se había caído y era el suelo? No sabía lo que había
pasado, había calculado mal, ¿sería eso posible? Todos cometemos errores pero… Debía
espabilarse… pronto lo encontrarían y en ese estado sería presa fácil. Toqueteó
en su cinto, pero no encontró las armas… las hubiese perdido o no, seguía
siendo una presa fácil y no podría enfrentarse a ellos…
… Volvió a escuchar gritos, cada
vez más cerca, se atrevió a mirar y vio tres figuras corriendo hacia él... no...
cuatro... ¿se había recuperado el que había caído? No importaba, era él quién
debía recuperarse… comenzó a correr torpemente entre callejuelas. Juego… Robo…
peligro… Siempre había sido un ladrón, era lo que mejor se le daba, sin embargo
siempre acababa en situaciones así… ¿merecía la pena? O bien por la situación o
por cualquier otro motivo, por vez primera dijo un NO bien grande. Heridas casi
mortales, jugar con la ley, ser perseguido, no saber si pasarás la vida entera
en un calabozo… cortarte las manos por ladrón… la cabeza por conquistar y
partir el corazón de las mujeres importantes… No podía dejar la vida atrás, no
podía dejar sus habilidades ocultas… era lo que era y eso nadie podía
cambiarlo, ni él. Pero sí podía intentar ser más sutil… intentar comenzar de
nuevo… lejos de allí… ser más cauto… ser más… Quizás podría venderse como
mercenario… o aparentar ser un tipo duro… pero para eso necesitaba dinero y el
dinero estaba oculto, pero antes…
Corría, ahora con ganas, con
fuerzas renovadas… pasaron de oírse próximas las voces a estar cada vez más
lejanas… debía despistarlos, los despistaría, cogería todo el dinero acumulado,
toda su fortuna y volaría de allí… ¿Kanon? ¿Arlan? Había multitud de lugares a
los que podía ir… Pero primero lo primero.
Correr, correr y correr.

No hay comentarios:
Publicar un comentario