¿Tan solo hacía un año? Seguro
que hacía más… una eternidad parece que había pasado… Se rascó la cabeza, ya
estaba empezando a aparecerle el pelo de nuevo, se lo rapaba a diario desde que
volvió, normas del maestro. Respiró profundamente, en las montañas en las que
estaba el aire era muy puro y había silencio, paz, lo añoraría, en la ciudad
todo era tan cargado, tanto ruido... Se masajeó suavemente las articulaciones…
sonrió recordando lo doloridas que estaban los primeros días. Llegó hace tanto,
buscando mejorar… había perdido en las primeras rondas siempre que participaba
en el Gran Torneo de Artes Marciales. Llegó como un joven impetuoso, inquieto,
intranquilo, aventurero, atrevido y ahora… bueno, ahora seguía siendo el mismo,
solo que algo más sabio… ¿Sabio? Ya hablo como mi maestro, pensó.
- ¿Ya te marchas? ¿No pensabas despedirte? – Una
joven corría hacia él, sonriente.
- Sí, sí – la figura habló – perdona… solo estaba…
despidiéndome del lugar, añoraré el dojo, al maestro, el lugar, la
tranquilidad... – dudó pero finalmente lo dijo - … a ti.
Ambos sonrieron y pasearon por los
jardines… a lo lejos, las enormes montañas rodeadas de nubes… unos pajarillos
trinaban por aquí y por allí…
-
Te extrañaré – dijo la joven poniéndose seria.
Pídemelo, pide que me quede – pensó, pero no pudo decirlo, una
parte de él quería volver a la ciudad, pero otra… le pedía que se quedara, a su
lado, con su maestro, con ella, allí… lejos de todo y cerca de lo que más le
había importado jamás… En vez de eso, dijo, intentando no sonar todo lo
preocupado que estaba…
-
Y yo que pensaba que era el peor alumno de tu
padre – sonrió a carcajadas, a lo que ella respondió golpeándole el estómago,
automáticamente la sonrisa cesó – Sabes que bromeo… Volveré, ya sea por el
viejo maestro o por tí.
Comenzaron a perseguirse uno a
otro y al final, acabaron luchando… disfrutaba con la lucha, por eso había
acudido a aquel lugar, a aquella pequeña aldea alejada de la civilización.
Desde el primer día fue torpe y el maestro lo trató con dureza. Más rudo fue
cuando llegó a sus oídos que se veía con su hija… sin embargo las palizas… los
duros entrenamientos… nada le hizo alejarse. Era atractiva, era divertida, era
como él… Y sabía que algún día volvería a por ella, la sola idea le hizo
trastabillar y un golpe en el rostro lo despertó de sus ensoñaciones. Cayó de
espaldas contra el suelo… comenzó a sangrarle ligeramente la nariz. La joven
asustada acudió a él, lo levantó y sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos para
limpiarle la sangre.
-
Ya tengo un recuerdo tuyo – dijo él sonriendo,
ella… le volvió a golpear esta vez más fuerte en un hombro… pero lo besó… y se
alejó corriendo sin mirar atrás… aturdido, inesperado… lo único que dijo en
apenas un susurro fue… - Volveré a por ti.
No mucho rato después, la figura
ataviada con ropas humildes y desgastadas con un pequeño petate a la espalda,
se alejaba del pequeño poblado… no pudo evitar pararse un instante y mirar
atrás. Vio las pocas casas que habían al pie de la colina que tantos meses
había sido su nuevo hogar. Y en lo alto, la pequeña edificación en la que su
maestro entrenaba a los pobres incautos que querían entrar bajo su tutela. Le
pareció ver dos figuras en la puerta del edificio…
-
Imaginaciones… El maestro tiene otras cosas más
importantes que hacer… como molestar a los que desean aprender de él… - sonrió,
ya no estaba bajo su tutela… sin embargo enseguida se esfumó la sonrisa, no
había vuelvo a verla desde el beso… rozó sus labios y mientras dio la espalda
al paisaje, continuó caminando sin dejar de tocar sus labios.
En el poblado… Un viejo maestro
contemplaba desde la puerta de su gimnasio… a su lado, una joven emocionada,
triste… intentaba evitar las lágrimas delante de su padre. Este, no pudo evitar
mirarla de reojo, puso una mano sobre su hombro a modo de consuelo y volvió a
entrar. Estaba seguro que lo volvería a ver, pero no podría descentrar a su aún
inexperta hija, había tanto que hacer.
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