Era noche cerrada, las nubes ocultaban las estrellas y la luna, para colmo, comenzaron a caer copos de nieve. Como si no fuera suficiente la espesa capa de nieve que había por todos lados. Trabajosamente una figura enfundada en pesadas ropas de oso andaba en dirección a la cumbre de la montaña. En aquel tramo, el bosque era más espeso. Los árboles sin apenas hojas y cubiertos de nieve virgen, se juntaban demasiado por momentos, como si quisieran impedir su avance. Misteriosamente, un pequeño claro se abrió ante la figura. La nieve caía fuerte y el viento silbaba ruidosamente. Tardó unos segundos en decidirse a continuar la marcha, cuando llegó al centro del claro se detuvo. Giró alrededor, observando el bosque blanco. La barba tenía nieve, al igual que si fueran las ramas de los árboles. Un ruido captó su atención a su espalda, se giró, el ruido volvió a sonar de nuevo a su espalda, volvió a girarse. Lo vigilaban. El aullido de un lobo sonó por el este… al oeste otro lobo respondió… En la oscuridad del bosque blanco se encendieron dos puntos rojos que lo observaban, lentamente se fueron haciendo más grandes y distinguió las pupilas… un gran hocico blanco surgió de entre las sombras seguido de un enorme y feroz rostro lupino.
- Un huargo - susurró para sí.
Lentamente llevó su mano derecha hacia la empuñadura de su espada, pero se detuvo a medio camino. La feroz criatura llevó hacia atrás sus orejas y enseñó los dientes, acompañándose de un feroz gruñido. Dio un paso hacia atrás y el gigante lobo también se aproximó una zancada, volvió a retroceder y el lobo lo siguió de nuevo. Caminó con las manos en alto hacia la criatura y esta volvió a recular.
- El huargo demuestra su inteligencia – dijo para sí mismo, lo observó unos segundos, ambos se observaron, ahora, el lobo olisqueaba sin enseñar los dientes y tenía las orejas puntiagudas, escuchando…
Después de lo que pareció una eternidad la figura comenzó a correr en dirección contraria a la de la bestia. Los troncos de los árboles pasaban a un lado y a otro, debía agacharse a veces, saltar grandes raíces que sobresalían, otras… Silenciosa, la criatura lo perseguía grácil y sin dificultad…
- ¡¡ Ahora !! – Gritó la figura girando sobre sí misma y desenvainando su espada larga.
Una flecha surgió de la oscuridad y acertó en el costado derecho del animal. Lo desestabilizó y tropezó y rodó… se levantó gruñendo y sangrando, la figura corrió hacia el animal. Rápido como un rayo se levantó y se lanzó con las enormes mandíbulas abiertas, la cuerda del arco sonó de nuevo, pero la flecha se clavó en el suelo a milímetros de una de sus patas traseras. Bestia y hombre chocaron y rodaron por el suelo, la criatura daba dentelladas, la figura intentaba apuñalarla… Chocaron contra un árbol, la nieve de éste cayó al suelo, sobre ellos. Nadie se movió…
Finalmente, con dificultad la criatura se levantó tambaleante, se alejó de la figura ensangrentada en el suelo… Cuando estuvo a unos metros cayó de costado y dejó de respirar. Lentamente, la figura se incorporó, apoyando dificultosamente la espalda contra el tronco del árbol. Estaba ensangrentado y tenía varios huesos rotos, sonrió. Una figura con un arco dio la vuelta al árbol y se puso entre bestia y hombre, también sonrió.
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