jueves, 3 de enero de 2013

Rojo Carmesí


Un hombre joven se miraba en el espejo. Llevó una de sus manos a la cabeza. Mierda, jodida resaca, no me acuerdo de nada… pensó. Sus ojos estaban enrojecidos e intentó contemplarlos durante un rato, primero el izquierdo, luego el derecho. Había perdido la cuenta de las veces que había remojado su rostro con agua, volvió a hacerlo. Nada conseguía quitarle ese dolor penetrante y molesto. Por un momento dejó de contemplarse en el espejo, abrió el pequeño armario y buscó entre las desordenadas lejas algún medicamento, pero insatisfecho cerró de golpe la puertecilla, volviendo a contemplarse en el espejo.

Felinamente alguien se aproximaba a él, sin hacer el menor ruido, unos descalzos y femeninos pies andaban por un cuarto terriblemente desordenado, como si un terremoto hubiera pasado por toda la casa. Esquivaba grácilmente la ropa por el suelo y cualquier otro objeto que le saliese al paso. 

Algo llamó la atención del joven, al lado de su reflejo se formó la figura de una mujer que se aproximaba, destacaban unos labios rojos sobre la pálida piel, sonrió al recordarla, estaba completamente desnuda y eso le hizo sonreír aún más. Ambos cruzaron las miradas en el espejo, ella también sonreía. No se paró al cruzar la puerta del baño y se aproximó al joven hasta que sus pieles se rozaron. Las manos de ella agarraron la varonil y también desnuda cintura, apoyó su barbilla en el hombro para suavemente gemir mientras cerraba sus ojos.

-    Vuelve a la cama – dijo ella sin dejar de abrir los ojos. Ahora fue él quien los cerró. Aspiró profundamente su aroma, leves recuerdos acudieron a su mente, agradables, cálidos, empezaba a recordar y el calor comenzaba a recorrer todo su cuerpo.

La joven abrió los ojos, pero ya no eran ojos humanos, su pupila recordaba a la de un felino, sonrió y mostró unos colmillos afilados y más largos de lo normal… El joven seguía con los ojos cerrados, excitándose, alterándose, turbado... Lentamente la inhumana joven llevó sus manos, sin dejar de rozar la piel desnuda de él, hasta la cabeza y acarició el cabello suavemente para acabar ladeándole ligeramente la cabeza. El joven seguía con los ojos cerrados, como en un hechizado sueño. Ella comenzó a besar su cuello hasta que lo hizo gemir, satisfecha mostró sus afilados colmillos y con un rápido movimiento le mordió el cuello…
El joven seguía gimiendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario