- ¿Por qué? Apenas recuerdo mi
pasado – una figura desastrada hablaba para sí en un oscuro callejón, rodeado
de cartones, cubos de basura y un característico carro de algún supermercado
local, lleno de enseres más inútiles que útiles. El pelo entrecano, de un gris
apagado y una barba de muchos días también muy descuidada. Hacía frío y estaba
envuelto en una gruesa manta y un viejo gorro de lana cubría su cabeza. A pesar
de ser evidentemente alguien frágil, débil… vivir en la calle era duro… sus
ojos, tenían un brillo y una chispa extraña, cuasi inteligente se podría decir.
¿Por qué le asaltaban ahora los
recuerdos del ayer? Se vio en un cuarto ostentoso, con una enorme chimenea… una
preciosa mujer con un generoso escote. Estaba sentado en un sofá próximo al fuego
y con un libro en la mano. Lo cerró y comprobó que era un aburrido libro de
leyes. Se levantó y fue hacia la mujer, apoyada en el cristal de la ventana. A
mitad camino se vio reflejado en un espejo, no tenía barba… era joven… su pelo,
estaba brilloso y muy bien cuidado… pudo distinguir que llevaba un elegante
traje oscuro… ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto?
Ella se giró y lo miró extrañado… ¿Te
ocurre algo Henry? Ven aquí - dijo, pícaramente. ¿Henry? Hacía tanto que no
oía ese nombre… ahora se llamaba simplemente abuelo. Intentó no pensar en la
vejez y se aproximó hacia la hermosa joven… Ella miraba de nuevo hacia el
exterior, en los cristales se acumulaba hielo, había sido una copiosa nevada y
estaba preocupada. Se aproximó agarrándole las caderas, olió profundamente su
fragancia… Mi amor… mi querida mujer… En un pequeño grito mezcla de alegría y
precaución dijo – Ya están aquí, han
llegado los niños!!!.
¿Niños? ¿Tenía hijos? El timbre
sonó, un sonido musical, un sonido alegre… La joven salió corriendo a abrir la
puerta… sonidos de saludos, de abrazos y de niños… De pronto dos pequeños de
apenas unos 12 o 14 años se abalanzaron gritando, ¡¡Papá!! Y ambos se le abrazaron. ¿Qué está ocurriendo? ¿Esto qué es?... Aparecieron de nuevo en
escena su esposa y un hombre…
… Tú!!! – Gritó, de nuevo estaba en la calle, rodeado de sus
cartones y con una fea barba en su rostro. - ¿Por qué? ¿A qué es debido? ¿Qué
significa todo esto? – Mil y una preguntas acudían a la mente de Abuelo. ¿Su
vida pasada? Apenas la recordaba… Solo recordaba su vida de vagabundo, de pedir
aquí y allá… a pesar de que no era muy religioso solía ir a la iglesia, sabía
que la fe era más generosa que el resto de barrios.
-
El… ¿quién es él? No logro recordarlo – se dijo
mientras masajeaba las sienes con ambas manos. Mujer… hijos… un horrible
hombre. Un hombre con el que en más de una ocasión había soñado… pesadillas… lo
perseguía… lo asesinaba… se quedaba con todo… con su vida…
Se incorporó e intento
desentumecerse… Frío… noches heladas… hambre… pobreza… desesperación… Cuando el
ser humano está en la peor de las situaciones la mente le juega malas pasadas.
Se intentaba consolar siempre con esas palabras. Pero no podía olvidar los ojos
de ese hombre. Las siguientes horas, salió a dar una vuelta… pidió en una
iglesia próxima… se acercó a los albergues que conocía… intentaba hablar con
los “suyos”, intentaba olvidar, intentaba no pensar en la calidez del sueño…
pero por más que lo intentaba, no podía dejar de pensar en aquellos penetrantes
y peligrosos ojos…
Cuando volvió a su pequeño rincón
en la ciudad… unos jóvenes estaban rompiéndolo todo, alborotando… se aproximó a
ellos y se le escapó más que quiso decir…
-
Eh!! Dejad mis cosas…
Los jóvenes hicieron caso omiso, aunque
cuando se cansaron… se aproximaron a él con palos que habían encontrado en el
carro… sabía lo que pasaría pero no pidió clemencia, ni ayuda… era innecesario,
comenzaron a golpearle y él a sangrar… no podía mantenerse en pie y el rostro
golpeó contra el suelo… le habían dado muchas palizas… pero ese día era
diferente… Una mezcla de bienestar y furia contenida luchaban en su interior. Casi
monstruosamente alzó el rostro hacia el cielo, estaba de rodillas con los
brazos en alto, separados del cuerpo… gritó… un grito surgido de sus entrañas…
dolor… añoranza… necesidad…
Misteriosamente el grito asustó a
los chicos que dejaron caer los palos al suelo y echaron a correr despavoridos…
No les prestó la menor atención… el mundo se apagaba para él… cerró lentamente
los ojos, aunque no importaba… comenzaba a verlo todo borroso… de nuevo sintió
el frío suelo golpear en su rostro, en el pecho… y se hizo la oscuridad.
Había despertado… Ahora eres
Cazador… y tú eres… “La Venganza”.
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