... El bosque estaba inhóspitamente en calma, una calma y un silencio sepulcrales. Los pequeños animales nocturnos, los insectos... Nada, todo estaba silencio, todo salvo un crujido terrible. En lo más profundo del bosque una figura agachada masticaba carne y huesos por igual. La sangre manaba de lo que parecía un ciervo destripado, manchaba el suelo y el pelaje de la figura. El crujir de huesos helaba la sangre, hasta que dejó de roer... alzó unas orejas escuchando. Algo lo alertó... lentamente se levantó, la bípeda figura peluda avanzó a lentas zancadas unos metros y acabó parándose. Giró la cabeza a izquierda y a derecha, se agachó de nuevo y volvió a alzar las orejas... Se giró, unos enormes ojos amarillos que penetraban hasta en lo más profundo de mi alma...
... Sudoroso, desperté... Otra vez aquella pesadilla... tenía la boca seca y pastosa... tenía un sabor metálico... Me desperecé en la cama... me dolía todo el cuerpo. La borrachera de la noche anterior debió de ser memorable... sonreí mientras me levantaba y me acercaba al baño... Sin mirar al espejo me agaché ligeramente para lavar mi rostro, mientras me secaba con la toalla me incorporé y lentamente fui dejando al descubierto mi ojos...
... Unos ojos profundos, animales y salvajes me miraban desde el otro lado... unos ojos amarillos.
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