El cielo estaba encapotado, apenas caían rayos de luna sobre el laberíntico cementerio. Dos figuras, dos saqueadores de tumbas, andaban entre el silencio sepulcral del lugar...
- ¿Seguro que sabes dónde vamos? - Dijo uno.
- Sí, una condesa, la enterraron ayer mismo con un montón de joyas, y ahora callate no nos oiga el enterrador. Ya estamos cerca.
Unas cuantas esquinas más, unos cuantos cruces y llegaron a su destino. Una enorme cruz de piedra y a los pies de esta, un enorme bloque de granito que ocultaba el nicho. No sin esfuerzo consiguieron mover el duro bloque. Se elevó un olor fétido inusual, ¿acaso la habían usado antes de enterrar a la condesa? Llevaba un escaso día enterrada como para que el cadaver expulsara tal olor fétido. Eso paró unos segundos a los asaltantes, sin embargo uno de ellos se introdujo en el agujero junto al ataud. Un lejano aullido sonó, acompañado poco después del ulular de pequeños mochuelos.
- No deberíamos estar aquí - dijo el que estaba más alejado del ataud y siguió - se cuentan... las leyendas dicen.... me ha parecido ver.
- Deja de titubear capullo - se enfadó el más próximo al botín - eres un asaltante de tumbas, lo único que yo veo es un botín que llenará mis bolsillos y mi estómago.
Tan rápido acabó la frase, se lanzó haciendo palanca con una pala, a abrir el ataud. Una leve polvareda inundó el lugar. Cuando se asentó, ambos en silencio, pudieron contemplar a una mujer de mediana edad, con un hermoso vestido de seda y engalanada con joyas. En el cuelo, en los dedos, en las muñecas, pendientes... Por un segundo ambos ladrones olvidaron dónde estaban y un pequeño brillo asomó a sus ojos.- ¿Seguro que sabes dónde vamos? - Dijo uno.
- Sí, una condesa, la enterraron ayer mismo con un montón de joyas, y ahora callate no nos oiga el enterrador. Ya estamos cerca.
Unas cuantas esquinas más, unos cuantos cruces y llegaron a su destino. Una enorme cruz de piedra y a los pies de esta, un enorme bloque de granito que ocultaba el nicho. No sin esfuerzo consiguieron mover el duro bloque. Se elevó un olor fétido inusual, ¿acaso la habían usado antes de enterrar a la condesa? Llevaba un escaso día enterrada como para que el cadaver expulsara tal olor fétido. Eso paró unos segundos a los asaltantes, sin embargo uno de ellos se introdujo en el agujero junto al ataud. Un lejano aullido sonó, acompañado poco después del ulular de pequeños mochuelos.
- No deberíamos estar aquí - dijo el que estaba más alejado del ataud y siguió - se cuentan... las leyendas dicen.... me ha parecido ver.
- Deja de titubear capullo - se enfadó el más próximo al botín - eres un asaltante de tumbas, lo único que yo veo es un botín que llenará mis bolsillos y mi estómago.
- Somos ricos, somos ricos - dijo el que había abierto el ataud mientras se aproximaba con manos codiciosas. De un tirón, arrancó el collar del cuello, pero pasó algo impensable. La condesa comenzó a perder su belleza y en apenas un parpadeo ya no era una mujer recien enterrada. Sino un esqueleto oscuro, podrido y gris. Sin apenas moverse, se quedaron boquiabiertos y mirando la tumba. Un rayo iluminó el cielo y se hizo de día en el oscuro cementerio. Ambos salteadores vieron horrorizados como una mano huesuda había cogido la muñeca del que portaba el medallón aún en la mano. Un grito ahogado surgió de éste, pues lentamente su cuerpo cambió. Sus órganos se secaron, sus músculos se evaporaron y la piel desapareció, hasta que acabó desmoronandose hecho un amasijo de huesos y ropa vieja.
El otro salteador no había perdido el tiempo y ya corría en dirección contraria a tal espanto. Los rayos y relámpagos se sucedían cada vez con mayor cantidad. Paró casi sin aliento. Llevaba un rato coriendo y no sabía dónde se encontraba, él no conocía la salida del cementerio. Miró hacia un lado... tumbas, esquinas, cruces, recodos... miró hacia otro, lo mismo encontró. La oscuridad le envolvía hasta que un nuevo rayo iluminó la zona y pudo comprobar que una espesa y oscura niebla comenzó a inundarlo todo. Eso lo aterró aún más, un nuevo aullido lo sacó del pavor, intentó tranquilizarse y pensar. Si no podía salir por la puerta, treparía e intentaría encontrar el muro más cercano que bordeara el cementerio.
Trepó. El pavor cambió al asco, subía apoyandose en nichos. Veía nombres y apellidos, incluso tumbas sin nombre, flores secas y marchitas, fotos largo tiempo olvidadas y quebradas por el tiempo. Cuando puso una de sus manos en la cima, esta cedió. La piedra era vieja y estaba desquebrajada, cayó pesadamente contra el suelo faltandole la respiración. Tardó unos segundos en levantarse y recobrar el aire en sus pulmones doloridos. Se tambaleaba y tuvo que apoyarse en un nicho cercano, aunque pronto apartó la mano y trastabilló alejandose hasta que paró en seco. Se había enredado con algo, quizás una raíz.
Un nuevo relámpago volvió a iluminar el cielo y pudo ver que no era una raíz lo que le tenía sujeto. Una mano huesuda surgida desde el interior del empedrado suelo le sujetaba el tobillo. Gritó. Otra mano surgió y le agarró el otro tobillo. Apretaron fuertemente hacia el interior de la tierra introduciendose hasta los tobillos, trastabilló y calló. Tuvo que usar las manos para no dar de bruces contra el suelo. Otras dos nuevas manos surgieron y le agarraron las muñecas. El asaltante se movia fiera y muy torpemente. De pronto, una huesuda mano agarró el cabello y levantó la cabeza con un movimiento brusco. Dejó de gritar. Pudo contemplar una calavera que lo miraba... le miró a los ojos, dos puntos rojos hechizadores se iluminaban en las cuencas vacías. Si eso era humanamente posible, una leve sonrisa acudió a la calavera mientras su presa se secaba, se reducía hasta convertirse en huesos polvorientos y agrietados. La pérfida sonrisa de un hombre anciano, encorbado, con un sombrero oscuro de copa y apoyado en una pala inundó el lugar.
- Los muertos se han saciado esta noche - dijo y comenzó a carcajearse.
Y aún a día de hoy se dice que cuando se oyen carcajadas en el cementerio, los muertos han salido a comer.
muy bueno txiki ,me a gustado ,entretenido y aterrorizadoooooo buuuuuuuuu ajajajajja ,en serio me a gustado mucho
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