sábado, 16 de abril de 2011

Una imagen un relato 4.0

Plop... plop... gotas de agua caían alrededor de una figura que yacía sumida en la inconsciencia. Lentamente comenzó a despertar... llevaba horas, días... pero ella lo desconocía. Despacio, la figura abrió los ojos pero nada vió. Oscuridad absoluta... pudo sentir su dificultosa respiración...

Pasó un largo momento hasta que se atrevió a incorporarse, algo más tranquila respiró hondo y guardó silencio. Se concentró en el lugar... Oía el repiqueteo del agua sobre las rocas... incluso pudo... ¿sentir?... movimiento sobre ella... Sin duda serían murciélagos. Con sus manos tocó el suelo, estaba en una mullida cama hecha con paja, musgo y otras hierbas. Tocó un cuenco con restos de comida y un pequeño vaso de barro con algo de agua. Por vez primera se dió cuenta que su boca sabía a pastosa e insipida comida.

Algo le hizo detener la investigación del entorno... El sonido de un poderoso latido. Casi por acto reflejo se levantó e intentó adivinar la mejor dirección para huir. Sus retinas comenzaron a absorber la oscuridad y comenzó a... ¿ver?... siluetas de los muros de la cueva. Su corazón comenzó a latir con fuerza insospechada, pero eso no disimulaba el rugir del cada vez más próximo y poderoso latido. Comenzó a andar sin rumbo, hasta que finalmente decidió parar y calmarse... Cerró los ojos y llegó a ella... ¿olor de bosque húmedo?... Agitó levemente su cabeza para desechar ese pensamiento, ¿acaso estaba volviendose loca?. Sintió una leve brisa y decidió arriesgarse en aquella dirección.

Se descubrió corriendo en total oscuridad, misteriosa y milagrosamente no tropezó en ningún momento. Ya no oía el corazón, pero oía fuertes y pesados pasos a la carrera tras ella. Una leve luz apareció a unos metros de la figura, cosa que le dió energías y aceleró aún más su carrera. En apenas un parpadeo salió al exterior, la escasa luz que se filtraba entre las oscuras nubes casi la cegó. La absoluta oscuridad había desaparecido. Pudo ver.

Distinguió un bosque de altos y tenebrosos árboles, completamente desnudos. Algo llamó su atención a su espalda, se giró y no vió nada entre la oscuridad de la gruta. De pronto dos ojos carmesíes aparecieron de la nada. Mirándola, saboreándola...

Sin pensar, la joven mujer echó a correr presa de un pánico irracional... el corazón se le aceleró a lo imposible... la sangre golpeteaba en sus sienes... comenzaron a pasar imágenes a toda velocidad por su dolorida cabeza. Ella, corriendo con los pies ensangrentados y por el mismo bosque en el que estaba... Los pesados pies que corrian tras ella, persiguiendola... la charca donde se escondió... los ojos humanos pero salvajes a la vez... la figura hinchaba su pecho y....

Un inhumano aullido la hizo detenerse en seco, presa de un indescriptible miedo. Se giró y muy lentamente miró hacia la entrada de la cueva. Allí estaba... una figura enorme aullaba hacia el cielo. De pronto la oscuridad comenzó a disolverse, como por arte de magia las nubes dejaban paso a una inmensa y enorme luna llena... Boquiabierta, olvidandose del miedo, de la criatura, alzó la vista y la miró... la luz plateada de la luna bañó sus dorados cabellos... su blanquecina piel... la silueta de sus turgentes pechos... su cintura....

Su corazón comenzó a latir freneticamente... espásmos cada vez más violentos azotaban todo su cuerpo, todos sus músculos, todo su ser... de nuevo, la sangre comenzó una rápida carrera hasta sus sienes... se arqueó fuertemente hacia abajo, gritó, luego hacia arriba, volvió a gritar... su cuerpo comenzó a crecer, sus músculos doblaban el tamaño, sus huesos se desencajaban, se alargaban y volvían a encajarse... la criatura ya no aullaba, era la mujer la que lo intentaba. Aullidos inhumanos, gritos dolorosos, feroces aullidos... Sus brazos se alargaron, en su cabeza se formó un gran hocico lupino, pelo plateado creció por todo su cuerpo mientras caía el vestido de seda blanca, tanto en pies como en manos se formaron grandes garras...

La transformación finalizó. La nueva criatura mitad mujer, mitad lobo terminó de transformarse aullando a modo de saludo a la madre luna. La licántropo de pelo plateado cesó su aullido y miró en dirección a la figura de pardo pelaje. Sus miradas se cruzaron y sin más, la primera criatura volvió a entrar a la cueva desapareciendo en el abrigo de la oscuridad. Todo tomó sentido en una fracción de segundo... un leve gesto de sonrisa acudió al lupino rostro de la criatura plateada y también se introdujo en la oscuridad.

La luna seguía brillando en lo alto...


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