Tanto lo deseaba, tanto lo ansiaba, que jamás llegaba. Cada mañana era lo primero que mis ojos estudiaban. Sus labios. Carnosos, rosados y muy deseados. Mi mente trabajaba a toda potencia, imaginaba multiples situaciones, multiples lugares, multiples maneras de besar aquellos labios pero algo en mi me hacia temerlos a la vez que los amaba. Pero aquella mañana era diferente, lo primero que hice al levantar fué sonreír, me miré al espejo y mi sonrisa se hizo aún más amplia. Incluso el mismo desayuno a base de tostadas requemadas y café me sabía diferente. El largo camino hasta la facultad se me hizo más breve de lo normal. Y allí estaba ella, tan sonriente y luminosa como siempre. Sus labios de un oscuro rojo rubi resaltaban sobre todo lo demás, fijé la mirada en ellos y con el pecho hinchado fuí hacia ella sin pestañear. Y la besé... piii piiii piiii piiii...... El despertador sonó...
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