La noche era muy fría. Demasiado. Extrañamente fría para esa época del año. La luna brillaba en lo alto, iluminando todo el valle. Peleaba con las estrellas por ver cuál era la que más luz ofrecía al mundo. Algunos sonidos nocturnos resonaban por el paraje. Pequeños mochuelos, insectos cantores... Pero todo cambió...Un extraño silencio se hizo dueño del valle. Un silencio acompañado de un misterioso frío glacial. Sin saber cómo, la luz de la luna comenzó a palidecer... ¿o era el paisaje lo que palidecía y se oscurecía? Nunca lo supe... Perdido en mis cavilaciones e intentando mantener la mirada fija en aquel extraño valle, empecé a oir un leve sonido. Un sonido que crecía en intensidad a cada segundo que pasaba. Unos poderosos cascos de caballo resonaban por todo el lugar, quizás el eco... hacía que no supieras por dónde venía el jinete. El caballo llegó a mi posición, sin embargo ningún caballo se divisaba. Lo que sí avisté fue una niebla en el centro del valle. Una niebla que comenzaba a crecer en volumen y oscuridad abrazando todos los rincones. El galope dejó de sonar.
El frío seguía creciendo, mi cuerpo comenzó a temblar fuertemente, pero no me moví. Sin embargo mi cara cambió al oír un grito venido desde el mismísimo infierno. Un grito que procedía del interior de la densa y oscura niebla. Un grito desgarrador que se fué transformando en un fuerte relincho de caballo. Mi rostro pasó de la sorpresa al más puro pavor...
La pesadilla se levantó sobre sus cuartos traseros pronunciando un nuevo y terrorífico. relincho Su cuerpo ardió en un rojo intenso producido por llamas que salían del interior de su alma. Las llamas se apagaron pero unas runas grabadas a fuego e intensamente iluminadas se dibujaban en diferentes zonas de su oscuro cuerpo. Bajó las patas delanteras al suelo, movió ferozmente la cabeza hacia los lados, su crin ardió y comenzó un rápido galope. Cada paso de sus poderosas patas parecían mil y un martillos golpeando en la forja. Sus cascos centelleaban al tocar el suelo....
... y desapareció... dejando únicamente tras de si una estela de oscura niebla que se iba disipando poco a poco. La luna volvió a competir con las estrellas y a brillar en el valle. El glacial frío remitió, mis músculos estaban aún tensos, aturdidos, me sentía agotado pero era dueño de mi, aunque mi corazón y mi alma aún...
... albergaban miedo...
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